La importancia del disfraz en la infancia es innegable, y está presente durante toda esta etapa vital. En este mes en el que nos encontramos, donde todo está inundado de máscaras, purpurina, gorros y pelucas, nos gustaría profundizar un poco más para conocer su importancia.

Desde tiempos inmemoriales, hace más de 2.000 años, en lugares como Atenas o Roma, ya se usaba la máscara y el disfraz para “fingir ser otra persona”, ya sea en teatro, fiestas o representaciones. Los niños buscan disfrazarse de forma natural, es un juego que les permite desinhibirse y desarrollar diferentes facetas de su personalidad. Además, en febrero lo pueden lo vivir en la calle donde todos estamos disfrazamos y formamos parte de la misma fiesta, conociendo así nuestras raíces culturales.

La empatía, es una capacidad básica en la vida en sociedad, la cual se logra a lo largo de la vida. Los disfraces nos sirven como herramienta para lograr un desarrollo más profundo de dicha capacidad en la infancia. Poniéndonos en los “zapatos del otro” podemos pensar cómo se sienten o cómo actuarían ellos en su lugar. Por tanto, algo tan simple como un disfraz, puede ser usado como herramienta para permitir a los niños entender los sentimientos de los demás. Por otra parte, la vergüenza es una emoción que aunque en ocasiones es útil, en otros momentos nos priva de vivir experiencias increíbles. A través de las máscaras, nos reímos de nosotros mismos y nos atrevemos a cosas que sin ellas serían un reto.

Celebrar el Carnaval nos acerca entre nosotros, colaboramos y socializamos realizando manualidades, jugando y escuchando canciones mientras representamos ese papel elegido. Por ejemplo, si una niña se disfraza de bombera; durante un tiempo jugará imitando acciones propias de la profesión. Descubre, decide entre múltiples opciones, se conoce a sí misma y conoce a los demás; ya que los juegos de rol fortalecen y potencian las relaciones sociales. De esta manera, indirectamente trabajamos también los roles y estereotipos de género, ya que una niña puede ser astronauta y un niño maquillador, solo es necesario que le guste la actividad o le llame la atención.

Para terminar, y para ir más allá que estos datos más técnicos, el Carnaval es una “cosa muy nuestra”, una tradición que vivimos de una manera u otra, y que puede ser aprovechada para muchos fines. Sin embargo, el fin más importante; no lo olvidemos, es disfrutar y divertirnos. Desde El Topo así lo haremos con nuestra semana de Carnaval y nuestra fiesta, a la que por supuesto vendremos todos disfrazados…

¡Feliz Carnaval!