¿Cuántas veces al día educas a tu hijo con un grito? Seguramente lo haces sin darte cuenta o como un método para liberar tu estrés. Sin embargo, los expertos indican que esta acción sólo genera retrasos, inseguridad y problemas de autoestima en el infante.

Lo que ocurre es un pago de platos rotos en el eslabón de la cadena más débil de tu entorno, los hijos. Esto ocurre cuando los padres carecen de metodología para corregir a sus hijos. Solo aplican lo que tienen a la mano y es gritar.

¿Qué pasa si educamos con gritos?

Si criamos a nuestros hijos en un entorno familiar lleno de gritos y peleas, quizás este pueda ver la actividad como algo normal. Automáticamente generará escenarios similares o incluso peores en su entorno personal. Por eso hay que tener cuidado cómo educamos a los niños, estos imitan perfectamente lo que ven e incluso lo perfeccionan.

Otro efecto negativo se va directamente a su autoestima, esta queda violentada y maltratada generando un niño retraído y con mucho miedo. Además, sentirá que no vale nada o peor aún, pensará que sus padres no lo aman. El resultado es un joven rebelde con muchos problemas sociales.

Cuando un niño se educa bajo la modalidad de gritos este estará mucho tiempo a la defensiva. No podrá expandir sus alas y ser independiente y seguramente desencadenará enfermedades crónicas. Una de ellas es el estrés y la ansiedad, las cuales son las salidas más fáciles que el cerebro busca para salir de sus problemas.

Las consecuencias de nuestras acciones como padres lamentablemente las absorben nuestros hijos. El problema es que se genera una cadena generacional en donde cada uno transmite lo que vivió. Para evitar o cortar esto, es necesario contar con herramientas apropiadas para educar sin gritos.

¿Podemos educar sin gritos?

Realmente si es posible educar a nuestros hijos sin caer en el proceso de gritar. Y esto se debe a que el mal momento lo generamos los padres a pesar que los hijos hayan cometido alguna falta. En su etapa inicial ellos no saben bien por qué hacen las cosas, pero nosotros sí lo sabemos.

Lamentablemente el entorno nos lleva a un punto de explosión en donde gritamos para castigar o corregir las acciones de los niños. Lo correcto sería estar consciente que gritar no es la solución, debemos empezar por allí.

En estos casos lo ideal es reflexionar para no volver a hacerlo. Quizás el entorno genera reacciones violentas en los padres, pero no es culpa de los hijos, esto sin importar lo que hayan hecho. El proceso de cambio no es fácil, amerita grandes acciones para no volver a educar sin gritos. Para ello recomendamos:

Consejos para educar sin gritos a tus hijos

Los gritos son un retraso en la educación de los hijos y muchos padres recurren a este método debido a los fácil y simple que es. Pero realmente a la larga podría traer consecuencias fatales. Conozcamos algunos consejos y recomendaciones para evitar poner en práctica estas acciones:

  1. Los niños no tienen una perspectiva como la de los adultos y cuando hacen algo lo hacen sin pensarlo. Ellos no actúan por maldad o con la finalidad de hacer daño. Sus motivos son otros y debemos averiguar qué pasa. Antes de gritarles piensa esto un poco.
  2. Cuando entramos en un estado de reflexión podemos pensar con mayor racionalidad las cosas. Los impulsos y las emociones quedan bloqueadas para evitar gritar. Para ellos la respiración profunda es la solución inmediata y efectiva que tenemos como padres.
  3. Aprendamos a escuchar a los niños y no dejarnos llevar por las emociones. Esta labor es muy reducida cuando hay un problema en casa que involucra a los infantes. Si escuchamos podremos tomar una mejor decisión.
  4. El diálogo es una técnica de comunicación efectiva que permite calmar la situación. En ella se exponen todos los elementos involucrados, positivos y negativos para llegar a un acuerdo. Este proceso se debe hacer con calma, sin alteraciones emocionales, con mucha serenidad.
  5. Incluyamos el tiempo de calidad con nuestros hijos, es la mejor manera de educarlos correctamente y explicarlo todo lo que ven en ese instante. Acompañemos este proceso con dinámicas, juegos, abrazos, entre otras.

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